Después de coger un par de trenes llegamos a la localidad de Kawaguchi-ko, punto de partida lógico para el que viaja desde Tokio, desde donde se puede coger un autobús que te deja en la 5ª estación de las 10 de las que está formada la ascensión hasta llegar a los 3.477 metros de altitud donde está la cima del Monte Fuji (Fuji-san para los amigos).

Como comentamos arriba la ascensión a la 5ª estación se podía realizar en autobús, pero como nosotros somos unos caballeros y como consecuencia de una serie de indicaciones no muy bien dichas/entendidas, optamos por llegar a la 5ª estación como lo hace la gente con clase, es decir, en taxi...
Una vez en la 5ª estación empezamos la caminata siguiendo a un grupo de motivados japos, pertrechados con palos con la bandera de Japón (ambas versiones, versión punto y versión sol naciente) que tras un grito trival seguido de la correspondiente coreografía se encaminaron por la senda de la escalada.
Llegado este punto es cuando consideramos necesario explicar que al comienzo de esta entrada teníamos dudas acerca de si titular a la misma como se ha titulado o "La Lonely Planet y la madre que la parió". El planteamiento es muy sencillo, según uno lee la guía va llegando a la conclusión de que hacer cima en el Monte Fuji es más o menos como ir con Caperucita Roja a ver a la abuelita (y sin Lobo de por medio), con tu cestita de mimbre, tu jarrita de miel, el choped y la barra de pan. Se leen afirmaciones tales como que la gente sube con los abuelitos y los niños de paseo. Es importante matizar que los abuelitos japos están bastante lejos del prototípico abuelito prostático y diabético español. El abuelito japo es duro, duro como una piedra, sano, monta en bici y, probablemente, se suba el Monte Fuji. Otra afirmación relevante es el consejo de nuestra guía sobre el abrigo: "vale con una prenda de abrigo ligera". Columpiada de la Lonely...
Con todo lo comentado los intrépidos turistas que suscriben estas líneas estaban extrañados con el equipo que manejaba la peña. Que si palos, bastones, guantes, luces en la cabeza, abrigos impermeables, etc. etc. etc. Y allí estábamos nosotros, uno en vaqueros, con sudadera y zapatillas y el otro con pantalón de chandal, sudadera y botas de montaña. Pero todo esto nos daba igual, que por qué, porque un español no se achanta ante el exceso de equipación de los demás, ni ante su preparación. Un español no le tiene miedo a una montaña japonesa, en todo caso a una montaña española, porque esa montaña sí tiene dos cojones. Un buen español si tiene que subir el Monte Fuji en vaqueros y camiseta lo sube, que por qué, porque le vale con sus dos cojones, con eso y con ser español, ¡¡leche!!

Tras el exabrupto pasamos a resumir un poco el tema de la ascensión. Al principio es un poco de paseo hasta que llega la primera rampa que engancha con una serie de "zetas" de una pendiente de entre 15 y veintitantos por ciento de inclinación, todo de piedra volcánica pero en este caso arenilla. La serie es larga, bastante larga, larga de cojones pero a parte del cansancio que genera no tiene complicación alguna. Después se empieza a complicar la cosa, ya se pasa a subir agarrando la piedra volcánica, poniendo los tobillos en juego, sujetándote en unos bastones metálicos, cadenas y demás. Según íbamos ascendiendo nos íbamos acercando más a la zona con hielo, viendo que la niebla bajaba y bajaba más. Así que llegando al final de la 7ª estación, cuando la niebla ya apenas nos dejaba ver, cuando estábamos algo caladillos decidimos pedir habitación en uno de los refugio que hay entre los distintos tramos que enlazan las estaciones, pasar la noche allí para ver si escampaba. Nos levantamos a las 4 de la mañana y el panorama no había mejorado. Estaba medio lloviendo, la piedra mojada resbalaba, quedaban 2 estaciones para hacer cumbre y con el equipo que teníamos el ascender para tener que hacer la bajada entera después equivalía a pulmonía.

Con ese criterio decidmos que una retirada a tiempo era una victoria (al tiempo quedó claro que fue la mejor opción), descendimos y llegamos a la 5ª estación sobre las 5:45. Allí la mala noticia fue que el siguiente autobús salía a las 10:55, por lo que, con un frio del carajo nos quedamos allí, moneando 5 horas sin hacer nada, aparte de charlar con el único japones que hemos encontrado que hablara español dado que combatió en la guerrilla a bajo el estandarte de Sendero Luminoso, no para de decir mientras alzaba los brazos: "No tengo dinero, tengo hambre, no dispare". La buena noticia fue que a los 15 minutos de llegar allí empezó a llover como si no hubiese mañana, con una intensidad brutal durante las siguientes 3 horas. Sin parar. Después pasó a llover de lado durante una hora, pero de lado de lado, vamos, que llovía de izquierda a derecha con un viento bestial. Gracias a todo esto nos alegramos de habernos bajado antes, sobretodo de ver como llegaba la gente al cabo de 5 horas al albergue de la 5ª...


En fin, que tras todo este coñazo, vuelta a Tokio, otras 2 horas largas de viaje y después tren bala (shinkansen) hasta Kioto. Llegamos tan quemados del viaje que decidimos darnos un homenaje occidental. Encontramos un pub y nos quedamos allí hasta salir al cabo de 3 horas, caminando como si fueramos Fraga y haciendo grandes reverencias al golpe de "Konichiwa" a la gente de recepción del hotel (aún a sabiendas de que la madre de Álvaro puede leer estas líneas hemos decidido ceñirnos a la realidad del relato sin añadir nada de literalidad valdía. ("Madre, no me lo tengas en cuenta").
Bueno chicos, seguiremos informando sobre nuestras andanzas por Kioto.

Que tios mas grandes! Si señor! xD
ResponderEliminarPedrito CTM
acertar..., acierta pero lo de los tiempos y las durezas sigue en la lina de murallas chinas y tiempos de Angkor jejeje. Disfrutad Kyoto que mola mucho y en los alrededores hay miles de templos, id a Inari, yo creo que no os defraudará. Seguid contando buenaventuranzas y si veis un anacortea prediciendo un marina d'or en kyoto tiradle piedras... no digo mas¡¡¡¡ lo de sendero luminoso y no dispare me ha encantado son cosas que marcan...
ResponderEliminarJodo, cuidado Moli entre la botella y la cinta de dar cera pulir cera... uf.
ResponderEliminarUn abrazo gordo
Subir con el planteamiento Riojano creo que tambien hubiera funcionado: rastra de chorizo, pan y una botella de vinarro.
ResponderEliminarEnhorabuena! Hubo ampollas?
Pero qué preguntas que tienes Araceli... A un español nunca le saldrían ampollas por subir un monte japonés. En todo caso le saldrían ampollas subiendo el Mulhacen o el Teide, pero no el Monte Fuji.
ResponderEliminarGracias a Dios no hubo ampollas. Ahora estamos en Kioto y vamos a ver si durante el día de hoy visitamos Nara,que está aquí cerca y fue una de las primeras capitales del país.
Os iremos contando. Ah!! Y tenemos pendiente lo de la "carne japonesa" que será comentado en próximas ediciones.
Besos!!
Álvaro