miércoles, 8 de julio de 2009

Homenaje en Pontocho-dori

Pasada la primera noche dura en Kioto y tras recuperarnos de las numerosas cervezas de marca Sapporo ingeridas, optamos como primer punto de interés cultural en Kioto, por algo sencillo, algo que ya venía establecido en la guía como uno de los paseos típicos para ver templos en Kioto. Sí, pese a la desconfianza generada por la guía tras la cagada en el Monte Fuji decidimos fiarnos de ella para encarar este recorrido.





Una de las cosas novedosas en el recorrido es que fue la primera vez que nos enfrentábamos al autobús local como medio de transporte. Es curioso que en los autobuses japoneses la gente entra por la puerta trasera y paga al salir por la delantera, bueno, eso es gracioso, y también merece mención a parte que al preguntarle al conductor por nuestra parada de destino (Gozozaka), con un gesto más que meridianamente claro nos indicó que las letras eran demasiado pequeñas como para leerlas. Nos quedamos mucho más tranquilos al saber que el conductor de turno de la EMT japonesa veía menos que una polla vendada...
Lo cierto es que gracias a que las estaciones pasaban en inglés no hubo mucho problema a la hora de llegar al punto de partida de la ruta marcada por la Lonely. Visitamos, entre otros y gracias a que tenemos la guia delante para recordar los nombres: el templo de Jishu (Jishu-ji), el templo de Kiyomizudera, el templo Kodai-ji, el parque Maruyama, el templo Chion-in y el Shoren-in, etc. etc.





Una vez terminado todo el recorrido turístico tratamos de buscar una calle famosa por su marcha llamada Pontocho-dori. Lo cierto es que llegar hasta ella fue más complicado de lo esperado. El metro en Kioto está bastante mal comunicado y para llegar a los lugares en autobús salvo que alguien te diga el número es practicamente imposible. Pero bueno, tras caminar bastante tiempo por una calle con unos faroles rojos y llenas de tiendas de marca conseguimos llegar a las orillas del rio Kano-gawa para finalemente encontrar la famosa calle que resultó ser muy atractiva.







Dado que tras la ardua búsqueda, y las consiguientes preguntas por direcciones estábamos más quemados que el cenicero del bingo, decidimos entrar en el Sushi bar con mejor pinta de todos y darnos un homenaje por el módico precio de 6.400 yenes por menú degustación(interesados hacer el cambio, pero tampoco se van a sorprender).

Lo peor de la cena, que a continuación se describirá fue que al lado teníamos al típico gracioso con una castaña que no se la quitaba un gitano y haciendo constantes preguntas. Para el deleite de Tito, una de las preguntas fue si todos en España (cuando supo que eramos españoles comenzó a hacer una serie de gestos como si se tratase de "El Litri" que sinceramente hubiesen merecido, por lo menos, la ejecución inmediata o en su defecto el sacrificio) éramos igual de grandes. En ese momento dudamos entre mentirle y decirle que éramos dos antiguos jugadores de baloncesto, o decirle la verdad que éramos dos actores porno de gira para grabar en Asia... Nos preguntó hasta la estatura y el peso. Por supuesto mentimos, y para quedar mejor nos pusimos más centímetros (de estatura) y más peso...

Céntrandonos en la comida, se abrió con un aperitivo compuesto por un cestito en el que teníamos una especie de huevo frito con cebollinos por debajo (no se podían usar palillos, era a golpe de sorbo), unas pastitas bastante interesantes como maceradas, y una especie de huevo en formato tortilla francesa (dentro de la cajita blanca) pero hecho en capas finísimas.



Después nos dieron un plato de sashimi con su atuncito, su mero, su cebollita y un goteroncito de una salsa con algo debajo, que para ser sinceros, no teniamos ni puñetera idea de lo que se trataba, pero nos lo comimos igual.



Como tercer plato vino la sorpresa (por favor, ver foto antes de seguir leyendo). Claro, a uno le plantan el conato de sardina ésta en un plato, toda entera, le dan un par de palillos y le dicen: "Ala, que disfrute." Pues eso, que uno no sabe por dónde agarrarlo. Dado que a uno el no tener los ojos achinados le llena de valor en estas latitudes, nos decidimos a preguntarle al sushi-barman que si se podía comer con las manos. Él nos gesticuló claramente explicándonos que el tema era, con los palillos, quitarle la cola y la cabeza y luego sacar de un tirón la raspa (con los palillos)... Vamos, un chocho bastante complicado, pero al final conseguimos deglutir el pececillo que resultó estar bastante bueno.



Después de la aventura del pececillo vino otro trozo de pececillo pero está vez en formato plancha y con unos puerros macerados debajo bastante ricos, eso sí, mucho más sencillo que el anterior.



El siguiente plato a degustar fue unos trocillos de tempura con verdura que se sazonaban con limón esprimido y acompañado de un cuenquito con sal maldon para mojarlos.



También nos dieron una sopa que contenía una gelatina de pescado que quemaba más que las barandillas del mismísimo infierno. Estaba pasable, no mucho más que añadir, quizás porque nos quemó todas las papilas gustativas que aún quedaban disponibles...



Como último plato fuerte antes de llegar a los postres nos dieron el típico surtido de sushi que en este caso no tenía ni huevos revueltos ni cosas baratas: huevas de erizo de mar en maki, langostino, mero y atún. Sabrosísimo y fantástico. Vamos, para comerte unos kilos, sobretodo por la amabilidad del sushi-barman que nos atendía personalmente y que nos miraba, en ocasiones, con cierta cara de incredulidad (más que nada tras el espectáculo de cómo comerse el pececillo).



Finalmente vino el postre. Unos dados de una espesa gelatina de té con una consistencia muy peculiar y agradable cubiertos de té verde en polvo. Uno de los postres más refinados que hemos comido en nuestra vida. Una maravilla.



Así que con una sonrisa en los labios, tras disfrutar nuestro té verde bebido, decidimos recompensar al camarero con la frase de cortesía de después de comer:" Gochiso-sama deshita" ("Ha sido un auténtico festín") A lo que el sushi-barman se cuadró marcialmente para dedicarnos una pausada, taimada y sentida reverencia hasta casi tocar la barra con la nariz.

La verdad, todo un placer esto de comer por tierras japonesas. En nuestra próxima entrega la gran revelación de la comida nipona: ¡¡LA PIZZA JAPONESA!!

Saludos desde el extrarradio del mundo.

Javier y Álvaro

2 comentarios:

  1. OoOoO que delicias, que rico y que buena pinta tiene TODO!! Es en momentos como este que me siento orgullosa de vosotros por no ser unos raritos para comer!

    Besos xx

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  2. Gracias Arancelinda, ya sabes que hacemos bueno el dicho:"de cucaracha pá arriba todo es cacería..."

    Álvaro

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