martes, 14 de julio de 2009

Onsens, toda un experiencia...

Chicos, nuesras disculpas que llevamos una temporada sin haceros ni caso pero es que en ocasiones ni las cosas ni los tiempos suceden como a uno le gustarian...

Retomando el viaje donde lo dejamos. Al día siguiente de haceros entrega de la entrada referente a las tazas espaciales nos encaminamos por el plazo de un día a la ciudad de Fukuoka. Lo cierto es que esa ciudad no tenía nada de especia a parte de estar "en fiestas".

Con la finalidad de disfrutar de lo que es una ciudad en fiestas y de descubrir japoneses desinhividos por el alcóhol nos dirijimos a la citada ciudad. Lo cierto es que quizás, teniendo en cuenta que las fiestas japonesas duran más de dos semanas, no llegamos en el momento más favorable. No vimos mucha fiesta, a parte de una serie de fulanos que corrían en calzoncillos por las calles al grito de la alocución:" Jose, Jose, Jose...". Sí, es cierto, es un nombre muy común, pero nos sorprendió el encontrarlo en Japón... Al parecer los individuos en gallumbos portan una especie de pasos de Semana Santa que en lugar de imagenes de Cristos desangrados llevan carros con visiones infantiles de diablos y heroes echando una carrera.





Em fin, que para nosotros causo gran decepcion el llegar un sabado a un sitio de fiestas y no ver ni a la charanga, ni a Paquito el Chocolatero, ni a la gente cocida por la calle ni tomandose cañas ni nada de nada. Pero bueno, que le vamos a hacer, sera que es un tema de cultura.



Tras esta corta experiencia de fiestas japonesas nos dirigimos a Beppu, el pueblo Onsen por experiencia. Para el que no lo sepa los Onsen son los baños termales japoneses y en esta zona, dado que Japon es completamete volcanico, es donde mas abundan.

En Beppu hay dos atracciones turisticas, los jingoku o infiernos y los onsen o baños termales.

Los Jingokus son una turistada digan del IMSERSO japones, es mas, por mucho que os la vendan si alguna vez teneis que venir aqui, podeis ver uno o ninguno. El Infierno viene a ser un agua termal en un lugar determinado con un color o caracteristica peculiar que pagas por ver y es una castaña. Vamos, una castaña.






Los Onsen son otra cosa, y los hemos probados de todos los colores. Baños de agua sulfurosa al aire libre, cubiertos, con baños de tierra, baños de barro, solos, mixtos... Todos.

Una de las cosas digas de comentar en relacion con los Onsens es la falta de pudor, en general, de la cultura japonesa con el desnudo. Es una experiencia que incluso se podria denominar, gay. De hecho, ninguno recordamor estar rodeados de tantos hombres desnudos desconocidos en un ambiente tan abierto...

El primer dia fuimos a un Onsen en lo alto de un publo donde se mantenian unas casitas de paja donde supuestamente se hacian sales minerales. Todo muy bonito. Cuando entras a un Onsen, tienes que meter toda tu ropa en una taquilla y salir con una toalla, o sin ella, a la zona de baño. En la zona de baño hay un area con esos banquitos que todos recordais de haber visto en una serie japo que miden menos de un palmo con unos cubos de madera enfrente y unos grifos donde te lavas a cubazos antes de entrar al Onsen. Asi que alli estuvimos el Moli y Cuca con sus casi 2 metros acurrucados en su banqueta lavandose completamente a pelo y rodeados de japos.



Despues entras en el Onsen que esta a una temperatura bastante caliente y derepente eres consciente de que te encuentras rodeado de niños, abuelos, alguna niña pequeña, y por supueso, japos, completamente desnudos. Un consejo sustraido de la experiencia es que cuando estes metido en el Onsen te posiciones en el lugar opuesto a donde se lava la gente, porque si no tendras el desafortunado panorama de poder comprobar cuanto le puede colgar la tomatera a un hombre en funcion de su edad. Una estadistica muy poco agradable...

Segun mandan los canones, los japos mas cafeteros, despues de tomarse su baño en el Onsen se toman uno o dos huevos duros. Los huevos duros en el Onsen se hacen aprovechando las fumarolas con aire sulfuroso a altas temperaturas, por lo que al lado de donde estas tomandote una cerveza hay un tio sacando huevos duros de unas cajas sobre viento sulfuroso.

En fin, que despues de disfrutar de la falta de pudor de los y las japos en los disintos Onsen nos encaminamos hacia Hiroshima para ver un partido de beisbol de consabido y famoso equipo local, los Atomos de Hiroshima y disfrutar de una noche en un Rykan en esta ciudad como ya os iremos enseñando.

Saludos y besos cordiales desde Hiroshima,

Javi y Alvaro

P.D.: Sentimos no poder haber adjuntado fotos de los Onsen por dentro, pero como podeis entender, las fotos no estaban permitidas. Esperamos que con lo explicado os hagais una idea, y si no ya os lo contamos en detalle en Madrid.

viernes, 10 de julio de 2009

Tecnología japonesa

Efectivamente, como todos esperabais, un viaje a Jaón siempre merece un comentario entorno a sus avances tecnológicos. Todos habéis oido hablar de los móviles, los portátiles, trenes balas y, por supuesto, las "tazas espaciales".



En nuestro caso, en el hotel de Kioto tuvimos la suerte de experimentar con nuestra propia taza espacial, nosotros nada más verla la bautizamos con el nombre de "el Tazón Milenario" por su esbelto perfil y hondo calado (sin Chewacca a bordo).

Como nos debemos a nuestro público y somos gente que defiende el empirismo hasta sus últimas consecuencias, decidimos navegar por la galaxia en nuestro tazón y dejar que él nos fuera mostrando toda la pléyade de oportunidades que su cuadro de mandos nos ofrecía.

La primera sensación que tiene alguien que se pone a los mandos del "Tazón Milenario" o de cualquiera de sus modelos (éste no tenía hilo musical, toda una pena. Imáginate navegar a la velocidad de la luz por galaxias lejanas sin la oportunidad de oir música. Un coñazo) es una sensación de calor. Sí, calor, dado que el, llamémosle, "reposa traseros" tiene un sistema de calefacción que cubre todo el borde así como una leve brisa calefactada que procede de su interior dirigida al tripulante, a la que nosotros cariñosamente hemos llamado El aliento del dragón. Frente a esta opción los que suscriben este artículo no han llegado a ningún acuerdo. Es decir, hay dos doctrinas: a) la sensación de calor es placentera y ayuda a relajarse; frente a b) la sensación de calor es desagradable porque parece que acaba de levantarse alguien de pilotar el Tazón Milenario y nunca me ha molado ser el segundo plato... Para gustos los colores.



La principal virtud de las "tazas espaciales" es que incorporan un avanzado sistema de limpiado similar a la manguera a presión para limpiar el coche pero sin que salga ninguna manita para dirigir el chorrillo. Después de haber probado el Tazón Milenario el papel ha pasado a un segundo plano (de todas formas sigue habiendo papel por si fuese necesario).

El sistema de limpiado se encuentra dispuesto mediante dos botones que tienen sus diferencias:



1) Sistema Spray: es el botón azul. El dibujo es tremendamente descriptivo. En éste se puede apreciar lo que parecen unas nalgas unisex que reciben un chorro pulverizado. Este sistema activa un chorro que te viene a disparar lo que es desde la diagonal inferior del Tazón Milenario hacia la zona de referencia.

2) Sistema Bidé: es el botón rosa. el dibujo nos muestra una niñita con coleta disfrutando de un chorro que se bifurca al llegar a sus nalgas (lo cierto es que no es para tanto....). La diferencia de este sistema es que el chorro te viene desde detrás y te ataca como si fuese un X-Wing entrando en los valles de La Estrella de la Muerte.



Estos son los dos botones fundamentales pero aparte de estos tenemos:

3) El calibrador de presión: es la ruedecilla más a la derecha del tablero de mandos y regula la presión a la que dispara el Tazón Milenario. Lo hemos probado en ambos extremos (a saco y modo Bambi). Lo cierto es que el modo Bambi no consigue los resultados esperados, no nos ha convencido. El modo a saco es complicado en un primer momento, hemos de decir que es importante un período de mentalización previo antes de ponerse a los mandos del Tazón. Si el primer disparo te pilla con la guardia baja la sorpresa puede ser, cuando menos, incómoda, obligándote a rendirte y volver al tradicional papel higiénico.

4) Oscillating: este botón está reservado para los muy cafeteros. Solo tras varias sesiones de pruebas nos hemos sentido lo suficientemente preparados para pulsarlo. Ocasiona un leve movimiento lateral en los disparos Spray y Bidé consiguiendo una mayor amplitud de recorrido y abaracar todo el objetivo (y alrededores).

5) Stop: este botón es vital, dado que si no se pulsa antes de levantarse se puede liar parda en el cuarto de baño....... (no, nosotros no lo hemos probado).

A mayor abundamiento y para todas aquellas mentes calenturientas que se estén preguntando si el chorro es fijo o no (de entrada el agua es caliente) decir que el chorro es fijo, por lo que necesita de una pequeña aportación por parte del tripulante del Tazón. En otras palabras, es necesario hacer unos movimientos para que el disparador de nuestra taza espacial vaya cubriendo todo el terreno sin dejar nada al azar.

En fin, espero que esto os haya servido para saber como está la tecnología japonesa de avanzada que hasta llega a lo más recóndito de un cuarto de baño.

Mañana hacemos día de viaje hacia Fukuoka. Al parecer están de fiestas, por lo que veremos si nos invitan a unos kalimotxos y bailamos Paquito el Chocolatero con algún dragón de mil patas...

Saludos y sean buenos que la Virgen lo ve todo.

Javier y Álvaro

jueves, 9 de julio de 2009

Curiosidades made in Japan

Queridos todos,

Dado que en los últimos días nuestra casi única misión ha sido la visita de templos aprovechamos la entrada de hoy para comentar ciertos aspectos que nos parecen curiosos de las costumbres y demás detalles que hemos observado desde que llegamos a tierras japonesas. Esta decisión viene amparada por la certeza de saber: (a) que en el fondo, en algunos casos el solo empleo del término "templo" hace florecer frustraciones de la niñez; (b) que lo que queréis es carnaza, nada de fotitos de peña sonriendo alrededor de monumentos.

Consecuetemente nos encontramos ante una entrada que no es más que una lluvia de ideas sobre lo que más nos ha llamado la atención desde que estamos aquí:

1) Braille: En Japón, país muy preocupado por sus disminuidos y gente mayor, todo, absolutamente todo, cartas de restaurantes, botones de ascensores, de semáforos, carteles de la calle... está en braille, hasta las aceras.

En efecto, la acera está en braille para los ciegos. Bueno, más técnicamente hablando se trata de un formato "Alicia en el País de las Maravillas" donde existe una fila de baldosas amarillas (que te llevan a Oz o quizás de vuelta a casa). Las baldosas para caminar (pa alante) van dispuestas con unas pequeñas marcas longitudinales. Cuando se llega a un cruce, la parada de metro o de autobús, o cruza otro camino de baldosas, éstas cambian al formato puntos para que el sujeto sepa que llega a un "punto de interés".

2) Las bicletas: Quizás el 35 - 40% de la gente que te cruces por la calle vaya en bicicleta y además por la acera. En Tokio, por ejemplo, la acera está, supuestamente dividida en dos. Una parte para peatones y otra para ciclistas, aunque ciertamente esto no se respeta para nada... Es curioso, en ocasiones ver las acumulaciones de bibicletas en la puerta de ciertos sitios, tiendas, salas de recreativos, etc.

En lo referente a los modelos de bicicletas lo cierto es que son todas muy parecidas (hoy hemos visto una BH de las de toda la vida). No tienen marchas, por lo que los pobrecitos en ocasiones van moviendo unos desarrollos de lo más incómodos; por lo general llevan el sillín hasta abajo del todo, por lo que se estarán jodiendo las rodillas de forma contínua.

3) Uso de móviles: Este tema, sencillamente, acojona. En el metro, por ejemplo, puedes encontrarte una fila entera de sillones en la que todo, absolutamente todo el mundo está "jugando" con el móvil, y se pueden tirar así hasta más de 15 minutos, sin levantar la cabeza. Generalmente todos los móviles son plegables, muy largos (quizás porque para escribir de arriba hacia abajo necesitan más espacio), de colores muy vivos y cuando los abren les sobran centímetros hasta la boca. Las revoluciones de marcación con el dedo gordo doblarían a cualquiera de las personas que estéis pensando que escribe rápido los mensajes. Es simplmente una absoluta dependencia del móvil.

4) Las japonesas: la media es alta, muy alta. Aunque de estatura no tanto. Un 20% de las mujeres jóvenes visten unas minifaldas que dejarian de mojigatas a las minifaldas españolas. La que no lleva uno de estos modelos de cinturón acostumbra a lucir mini-pantalones y en algunos casos se suelen ver pantalones vaqueros que de ajustados podría pensarse que los llevan pintados. Como calzado suelen llevar unos taconazos imposibles, con objeto de solucionar el problema de altura, que les son perfectamente válidos para hacer turismo, hacer la compra o incluso montar en bici. Las partes de arriba del atuendo femenino nipón no merece la pena mencionarlas, ya que suelen ser bastante correctas y castas, lo que las situa como conocedoras de sus virtudes y defectos. También cabe destacar el generalizado mal envejecer del que hacen gala, ya que cualquier española por encima de los "veintidiez" años supera con creces a la mujer nipona y es que, que nadie se lleve a engaños, como la mujer española no la hay en todo el mundo. Por cierto, la imagen que cualquiera pueda tener de los uniformes colegiales japoneses por todos conocida gracias a series como: Juana y Sergio, Sailor Moon o Chicho Terremoto. Es tan corta como cierta.

5) Mimetismo japones-español: A estas alturas del viaje ya hemos conseguido movernos de forma camaleónica entre las masas japonesas. Saludamos a la voz de "Konichiwa" con su reverencia correspondiente, entregamos los billetes y pasaportes con ambas manos a la vez que reverenciamos, pedimos la priva en perfecto japones ("Sumimasen, ni beeru o kudasai") a la vez que reverenciamos, damos las gracias por todo a la vez que reverenciamos, lo que supone un gran trabajo para nuestros riñones.

En proximas entregas sobre costumbres os iremos poniendo al día de nuestros avances.

Álvaro y Javi

miércoles, 8 de julio de 2009

Homenaje en Pontocho-dori

Pasada la primera noche dura en Kioto y tras recuperarnos de las numerosas cervezas de marca Sapporo ingeridas, optamos como primer punto de interés cultural en Kioto, por algo sencillo, algo que ya venía establecido en la guía como uno de los paseos típicos para ver templos en Kioto. Sí, pese a la desconfianza generada por la guía tras la cagada en el Monte Fuji decidimos fiarnos de ella para encarar este recorrido.





Una de las cosas novedosas en el recorrido es que fue la primera vez que nos enfrentábamos al autobús local como medio de transporte. Es curioso que en los autobuses japoneses la gente entra por la puerta trasera y paga al salir por la delantera, bueno, eso es gracioso, y también merece mención a parte que al preguntarle al conductor por nuestra parada de destino (Gozozaka), con un gesto más que meridianamente claro nos indicó que las letras eran demasiado pequeñas como para leerlas. Nos quedamos mucho más tranquilos al saber que el conductor de turno de la EMT japonesa veía menos que una polla vendada...
Lo cierto es que gracias a que las estaciones pasaban en inglés no hubo mucho problema a la hora de llegar al punto de partida de la ruta marcada por la Lonely. Visitamos, entre otros y gracias a que tenemos la guia delante para recordar los nombres: el templo de Jishu (Jishu-ji), el templo de Kiyomizudera, el templo Kodai-ji, el parque Maruyama, el templo Chion-in y el Shoren-in, etc. etc.





Una vez terminado todo el recorrido turístico tratamos de buscar una calle famosa por su marcha llamada Pontocho-dori. Lo cierto es que llegar hasta ella fue más complicado de lo esperado. El metro en Kioto está bastante mal comunicado y para llegar a los lugares en autobús salvo que alguien te diga el número es practicamente imposible. Pero bueno, tras caminar bastante tiempo por una calle con unos faroles rojos y llenas de tiendas de marca conseguimos llegar a las orillas del rio Kano-gawa para finalemente encontrar la famosa calle que resultó ser muy atractiva.







Dado que tras la ardua búsqueda, y las consiguientes preguntas por direcciones estábamos más quemados que el cenicero del bingo, decidimos entrar en el Sushi bar con mejor pinta de todos y darnos un homenaje por el módico precio de 6.400 yenes por menú degustación(interesados hacer el cambio, pero tampoco se van a sorprender).

Lo peor de la cena, que a continuación se describirá fue que al lado teníamos al típico gracioso con una castaña que no se la quitaba un gitano y haciendo constantes preguntas. Para el deleite de Tito, una de las preguntas fue si todos en España (cuando supo que eramos españoles comenzó a hacer una serie de gestos como si se tratase de "El Litri" que sinceramente hubiesen merecido, por lo menos, la ejecución inmediata o en su defecto el sacrificio) éramos igual de grandes. En ese momento dudamos entre mentirle y decirle que éramos dos antiguos jugadores de baloncesto, o decirle la verdad que éramos dos actores porno de gira para grabar en Asia... Nos preguntó hasta la estatura y el peso. Por supuesto mentimos, y para quedar mejor nos pusimos más centímetros (de estatura) y más peso...

Céntrandonos en la comida, se abrió con un aperitivo compuesto por un cestito en el que teníamos una especie de huevo frito con cebollinos por debajo (no se podían usar palillos, era a golpe de sorbo), unas pastitas bastante interesantes como maceradas, y una especie de huevo en formato tortilla francesa (dentro de la cajita blanca) pero hecho en capas finísimas.



Después nos dieron un plato de sashimi con su atuncito, su mero, su cebollita y un goteroncito de una salsa con algo debajo, que para ser sinceros, no teniamos ni puñetera idea de lo que se trataba, pero nos lo comimos igual.



Como tercer plato vino la sorpresa (por favor, ver foto antes de seguir leyendo). Claro, a uno le plantan el conato de sardina ésta en un plato, toda entera, le dan un par de palillos y le dicen: "Ala, que disfrute." Pues eso, que uno no sabe por dónde agarrarlo. Dado que a uno el no tener los ojos achinados le llena de valor en estas latitudes, nos decidimos a preguntarle al sushi-barman que si se podía comer con las manos. Él nos gesticuló claramente explicándonos que el tema era, con los palillos, quitarle la cola y la cabeza y luego sacar de un tirón la raspa (con los palillos)... Vamos, un chocho bastante complicado, pero al final conseguimos deglutir el pececillo que resultó estar bastante bueno.



Después de la aventura del pececillo vino otro trozo de pececillo pero está vez en formato plancha y con unos puerros macerados debajo bastante ricos, eso sí, mucho más sencillo que el anterior.



El siguiente plato a degustar fue unos trocillos de tempura con verdura que se sazonaban con limón esprimido y acompañado de un cuenquito con sal maldon para mojarlos.



También nos dieron una sopa que contenía una gelatina de pescado que quemaba más que las barandillas del mismísimo infierno. Estaba pasable, no mucho más que añadir, quizás porque nos quemó todas las papilas gustativas que aún quedaban disponibles...



Como último plato fuerte antes de llegar a los postres nos dieron el típico surtido de sushi que en este caso no tenía ni huevos revueltos ni cosas baratas: huevas de erizo de mar en maki, langostino, mero y atún. Sabrosísimo y fantástico. Vamos, para comerte unos kilos, sobretodo por la amabilidad del sushi-barman que nos atendía personalmente y que nos miraba, en ocasiones, con cierta cara de incredulidad (más que nada tras el espectáculo de cómo comerse el pececillo).



Finalmente vino el postre. Unos dados de una espesa gelatina de té con una consistencia muy peculiar y agradable cubiertos de té verde en polvo. Uno de los postres más refinados que hemos comido en nuestra vida. Una maravilla.



Así que con una sonrisa en los labios, tras disfrutar nuestro té verde bebido, decidimos recompensar al camarero con la frase de cortesía de después de comer:" Gochiso-sama deshita" ("Ha sido un auténtico festín") A lo que el sushi-barman se cuadró marcialmente para dedicarnos una pausada, taimada y sentida reverencia hasta casi tocar la barra con la nariz.

La verdad, todo un placer esto de comer por tierras japonesas. En nuestra próxima entrega la gran revelación de la comida nipona: ¡¡LA PIZZA JAPONESA!!

Saludos desde el extrarradio del mundo.

Javier y Álvaro

martes, 7 de julio de 2009

El Monte Fuji y la madre que le parió

Tras pasar nuestras tres primeras noches en Tokio y de acuerdo con el plan previsto abandonamos el halagüeño Hostel, con "parque de atracciones" al lado, que nos había servido de casa (dado que hay madres y otros familiares cercanos que pueden leer el blog hemos decidido no adjuntar fotos a este respecto) para dirigirnos hacia el Monte Fuji con intención de hacer cumbre a la madrugada del día siguiente antes de dirigirnos a Kioto.

Después de coger un par de trenes llegamos a la localidad de Kawaguchi-ko, punto de partida lógico para el que viaja desde Tokio, desde donde se puede coger un autobús que te deja en la 5ª estación de las 10 de las que está formada la ascensión hasta llegar a los 3.477 metros de altitud donde está la cima del Monte Fuji (Fuji-san para los amigos).



Como comentamos arriba la ascensión a la 5ª estación se podía realizar en autobús, pero como nosotros somos unos caballeros y como consecuencia de una serie de indicaciones no muy bien dichas/entendidas, optamos por llegar a la 5ª estación como lo hace la gente con clase, es decir, en taxi...

Una vez en la 5ª estación empezamos la caminata siguiendo a un grupo de motivados japos, pertrechados con palos con la bandera de Japón (ambas versiones, versión punto y versión sol naciente) que tras un grito trival seguido de la correspondiente coreografía se encaminaron por la senda de la escalada.

Llegado este punto es cuando consideramos necesario explicar que al comienzo de esta entrada teníamos dudas acerca de si titular a la misma como se ha titulado o "La Lonely Planet y la madre que la parió". El planteamiento es muy sencillo, según uno lee la guía va llegando a la conclusión de que hacer cima en el Monte Fuji es más o menos como ir con Caperucita Roja a ver a la abuelita (y sin Lobo de por medio), con tu cestita de mimbre, tu jarrita de miel, el choped y la barra de pan. Se leen afirmaciones tales como que la gente sube con los abuelitos y los niños de paseo. Es importante matizar que los abuelitos japos están bastante lejos del prototípico abuelito prostático y diabético español. El abuelito japo es duro, duro como una piedra, sano, monta en bici y, probablemente, se suba el Monte Fuji. Otra afirmación relevante es el consejo de nuestra guía sobre el abrigo: "vale con una prenda de abrigo ligera". Columpiada de la Lonely...

Con todo lo comentado los intrépidos turistas que suscriben estas líneas estaban extrañados con el equipo que manejaba la peña. Que si palos, bastones, guantes, luces en la cabeza, abrigos impermeables, etc. etc. etc. Y allí estábamos nosotros, uno en vaqueros, con sudadera y zapatillas y el otro con pantalón de chandal, sudadera y botas de montaña. Pero todo esto nos daba igual, que por qué, porque un español no se achanta ante el exceso de equipación de los demás, ni ante su preparación. Un español no le tiene miedo a una montaña japonesa, en todo caso a una montaña española, porque esa montaña sí tiene dos cojones. Un buen español si tiene que subir el Monte Fuji en vaqueros y camiseta lo sube, que por qué, porque le vale con sus dos cojones, con eso y con ser español, ¡¡leche!!



Tras el exabrupto pasamos a resumir un poco el tema de la ascensión. Al principio es un poco de paseo hasta que llega la primera rampa que engancha con una serie de "zetas" de una pendiente de entre 15 y veintitantos por ciento de inclinación, todo de piedra volcánica pero en este caso arenilla. La serie es larga, bastante larga, larga de cojones pero a parte del cansancio que genera no tiene complicación alguna. Después se empieza a complicar la cosa, ya se pasa a subir agarrando la piedra volcánica, poniendo los tobillos en juego, sujetándote en unos bastones metálicos, cadenas y demás. Según íbamos ascendiendo nos íbamos acercando más a la zona con hielo, viendo que la niebla bajaba y bajaba más. Así que llegando al final de la 7ª estación, cuando la niebla ya apenas nos dejaba ver, cuando estábamos algo caladillos decidimos pedir habitación en uno de los refugio que hay entre los distintos tramos que enlazan las estaciones, pasar la noche allí para ver si escampaba. Nos levantamos a las 4 de la mañana y el panorama no había mejorado. Estaba medio lloviendo, la piedra mojada resbalaba, quedaban 2 estaciones para hacer cumbre y con el equipo que teníamos el ascender para tener que hacer la bajada entera después equivalía a pulmonía.



Con ese criterio decidmos que una retirada a tiempo era una victoria (al tiempo quedó claro que fue la mejor opción), descendimos y llegamos a la 5ª estación sobre las 5:45. Allí la mala noticia fue que el siguiente autobús salía a las 10:55, por lo que, con un frio del carajo nos quedamos allí, moneando 5 horas sin hacer nada, aparte de charlar con el único japones que hemos encontrado que hablara español dado que combatió en la guerrilla a bajo el estandarte de Sendero Luminoso, no para de decir mientras alzaba los brazos: "No tengo dinero, tengo hambre, no dispare". La buena noticia fue que a los 15 minutos de llegar allí empezó a llover como si no hubiese mañana, con una intensidad brutal durante las siguientes 3 horas. Sin parar. Después pasó a llover de lado durante una hora, pero de lado de lado, vamos, que llovía de izquierda a derecha con un viento bestial. Gracias a todo esto nos alegramos de habernos bajado antes, sobretodo de ver como llegaba la gente al cabo de 5 horas al albergue de la 5ª...




En fin, que tras todo este coñazo, vuelta a Tokio, otras 2 horas largas de viaje y después tren bala (shinkansen) hasta Kioto. Llegamos tan quemados del viaje que decidimos darnos un homenaje occidental. Encontramos un pub y nos quedamos allí hasta salir al cabo de 3 horas, caminando como si fueramos Fraga y haciendo grandes reverencias al golpe de "Konichiwa" a la gente de recepción del hotel (aún a sabiendas de que la madre de Álvaro puede leer estas líneas hemos decidido ceñirnos a la realidad del relato sin añadir nada de literalidad valdía. ("Madre, no me lo tengas en cuenta").

Bueno chicos, seguiremos informando sobre nuestras andanzas por Kioto.

sábado, 4 de julio de 2009

Tsukiji y alrededores


El primer día llegó el primer madrugón y es que para ver como descargan y venden el pescado en la lonja de Tokio hay que estar a primera hora. Así que nos preparamos para llegar a las 7 de la mañana a Tsukiji (la Lonja de Tokio). Lo que más impresiona cuando se llega allí, tras pasar por un par de callejuelas auténticamente atestadas de barras de suchi y otras tiendas de productos de alimentación, es la gran actividad que hay allí. De hecho hay que tener cuidado para no ser atropellado por japoneses subidos en una especie de carricoches despachando pescado, furgonetas de todos los tamaños y gente andando a toda velocidad.



Una vez dentro y en la zona del mercado es sorprendente el tamaño y la actividad que se desprende de allí. Centenares de japoneses con sus cestas de mimbre se mueven de n lado para otro comprando pescado, otros lo cortan, otros limpian con la manguera, los carricoches y otros japos en motocicleta te pasan por encima, un poco de estrés pero muy entretendio. Metros y metros y metros cuadrados de puestecillos donde la gente vende todo lo que uno se puede imaginar del mar y en unos tamaños increibles: atunes, bonitos, anguilas, peces globo (fugu), langostinos, vieiras...





Tras salir de la lonja, allá por las 9 de la mañana, decidimos tomar el desayuno en una barra de sushi cercana a la lonja. En lo referente a la comida hemos llegado a la conclusión de que los restaurantes se dividen en función del tipo de menú: a) Menú con foto y en inglés (esperanzadoramente cómodo); b) menú con foto (suficientemente cómodo); y c) Menú sin foto y no inglés (ni lo intentes...)
La barra de sushi del desayuno era una de las que tiene foto, por la que fue sencillo encargar uno de los menús variados de sushi, sashimis y makis. El único probelama del desayuno es que Álvaro, con sus ganas de experimentar todo tipo de sabores decidió llevarse a la boca los pedazos de salmón que había dentro de la sopa miso que acompañaba al menú, pese a que su compañero de viaje comentaba que en ocasiones no era necesario comérselo todo. Pese a ello Álvaro decidió llevarse el pedazo de salmón que resultaron ser todas las raspas de la criatura, muy útiles para el caldo pero desagradables al paladar. Álvaro, que tiene muchas tablas fingió una inexistente llamada al móvil para abandonar la barra y exputar disimuladamente en su mano izquierda el rasposo contenido y arrojarlo a una esquina.



Tras el desayuno hicimos una visita a un parquecillo cercano a la lonja en cuyos mapas aparecían numerosas menciones a zonas florales. De las fotos se desprende que de lo que es flores, como diría Eugenio, entre una o ninguna... Por lo demás tenía gracia el sitio.



Después dimos una vuelta por el barrio de Ginza (Barrio comercial lleno de tiendas de las marcas que a todo el mundo le vienen a la cabeza y que como os podéis imaginar los que nos conoceis bien, no consiguió impresionarnos para nada, es una pena...).

Finalmente nos dirigimos a los Jardines Imperiales con la intención de entrar a ver algo del Palacio Imperial (la zona accesible al público) pero al parecer el Emperador debía estar bastante ocupado y ninguna de las puertas de acceso al mismo estaba abierta, por lo que tuvimos que dar por concluida esa parte de la visita y quizás aplazarla para nuestra vuelta a tokio en un par de semanas.

De momento devolvenos la conexión y ya os iremos contando más novedades.

Por cierto, que sepáis que hemos tomado ejemplo del escándalo sucedido durante la Super Bowl americana con la inhóspita aparición del seno de Jannette Jackson por lo que emitimos con un día de retraso. De esta forma la censura puede filtrar el contenido de las fotos para comprobar que a nadie se le sale un pecho o lo que por turno corresponda.

besos y abrazos,

Javi y Álvaro

viernes, 3 de julio de 2009

Shuba-Shuba y Yakitori, toda una experiencia

Tras todo el cansancio acumulado por el viaje, tras sustentarnos con los apetitosos manjares empaquetados provistos por British Airways y Virgin Airlines, nos decidimos a tener nuestra primera experiencia culinaria especial en el Imperio del Sol Naciente.

Para semejante ocasión nos decantamos, como suele ser costumbre en toda su amplitud, por la CARNE. For information purposes, en Japón, los lugares especializados en carnes, generalmente de ternera, se encuentran representados por una cariñosa vaquita, de semblante sonriente que guarda gran similitud con la inconfundible sonrisa de la vaca de los quesitos de la vaca que rie (esto no es publicidad subliminal, es un hecho).

Cerca de donde nos hospedamos encontramos un par de estos lugares con cabeza de vaca en la puerta, en el primero nos dijeron (creemos que nos dijeron a juzgar por los dedos de la mano del camarero) que hasta las 5 no abrirían para cenar, así que probamos en el segundo, donde unas amables japas vestidas de acuerdo con el protocolo que señala el Concilio de Nara, portaban toda la indumentaria típica, incluyendo traje tradicional y todo el repertorio de inclinaciones y gestos cada vez que se servía algo.

Llegado el momento de elegir, tras la ceremonia de la toallitas calientes (sé que de esto de las toallitas calientes va generar polémica...) elegimos el menú: shuba-shuba para Álvaro y Yakitory para Moli.

En ese momento es cuando las amables camareras con el suficiente inglés como para tratar con nosotros empiezan a sacar calderillos de aceite que se colocan en la propia mesa, cacillos con soja, con yema de huevo crudo, con diferentes recipientes para salsas, con pequeños utensilios para meter y recoger los fideos en el agua cociendo....... En fin, que cuando las amables camareras observaron (probablemente ya lo venían barruntando desde que nos ofrecieron las toallitas calientes) la absoluta torpeza y desconocimiento de lo acontecía en la mesa reflejados en nuestros ojos, decidieron cocinar para nostros las primeras piezas en lugar de jugarse el seguro civil de responsabilidad que tendría que haber pagado el más que seguro incendio en el comedor del restaurante.

Finalmente conseguimos terminar de meter, en el caso del Yakitori de Moli, dentro de la reducción de soja, toda la carne, verdura y tofu que le habían adjudicado (tras haber sido pasadas por el huevo crudo), en el caso del Shuba-Shuba de Álvaro, consiguió termianr de pasar la carne por el agua hirviendo, junto con todas las veduras, el tofu, los fideos y la sopa Miso (sopa de pescado) que no se acabó Moli y otra sopa formada por el propio agua hirviendo de todo lo que se había metido antes.

Dicho todo lo anterior comentaremos que no les debimos causar tan mala impresión cuando al salir nos recompensaron con un regalo: unos posavasos y una especie de marionetas de papel que si Dios quiere llegarán vivas a Madrid dento de 15 días.

Muchos besos para ellas y abrazos para ellos,

Arigato